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LA MISIÓN: REVELAR EL VERDADERO AMOR

Dedicado a Elvia y a Luis Francisco en quienes Dios construye cada día su obra…

Hoy es un día especial… es viernes y el calendario dice que es 24 de enero de 1986. Estoy embarazada y próxima a dar a luz a mi quinto hijo. Soy una mujer feliz, tengo un esposo maravilloso. Mis cuatro hijos trabajan por realizarse familiar y profesionalmente, es poco el tiempo que compartimos juntos debido a sus deberes, pero siento que mi futuro bebé traerá a nuestras vidas esa compañía y ese amor que necesitan los padres cuando ven que sus hijos crecen y se alejan del hogar. Estoy disfrutando de las vacaciones del colegio donde trabajo como docente de Sociales y Filosofía.
Ha llegado la hora… mi bebé nacerá en unas horas…

25 DE ENERO DE 1986

No pude presenciar el nacimiento de mi hijo porque estaba anestesiada. Al despertar una de las enfermeras se acerca para decirme que el bebé se había salvado de milagro, me explicó que había nacido “meconiado” (quiere decir que alcanzó a tomar líquido amniótico), me preocupé mucho pero este sentimiento desapareció cuando pude contemplarlo y tenerlo entre mis brazos… era hermoso, tierno, frágil y traía un gran mensaje a nuestras vidas que en ese momento no pude descifrar…

A los ocho días de nacido noté que mi bebé desplazaba su cabeza muy rápido, pensé que iba a ser muy fuerte porque no sólo mostraba vitalidad, sino un gran desarrollo…

Alrededor de los cuatro meses observamos con preocupación que nuestro hijo no sostenía la cabeza y mucho menos el tronco. Acudimos al pediatra y él ordenó terapia ocupacional. Al no mostrar ningún resultado positivo, el doctor dispuso consulta con el Neuropediatra. El doctor Medina (un gran pediatra) le ordenó un encefalograma y su diagnóstico fue: “el bebé tiene parálisis cerebral congénita”. Parece que faltó oxigenación cerebral en el momento del nacimiento…
En ese momento, recordé la expresión de la enfermera al día siguiente, al despertar de la anestesia, cuando me dijo que nuestro bebé se había salvado de milagro…

Pues es aquí donde comienza el relato de nuestra misión, aquella que nos fue encomendada y que nos ha permitido vivenciar el verdadero amor…

Ya en el proceso, el doctor Medina ordenó terapias, física, ocupacional, de lenguaje y atención psicológica… todo esto, sumado a la bendición de Dios, permitió que su desarrollo fuera normal en medio de las circunstancias.

Alguna vez en una charla con el pediatra, le pregunté si había alguna posibilidad de que nuestro hijo se recuperara. Él me aclaró que todo lo que se hacía sólo era para mantener su proceso y evitar que fuera en retroceso.

Fue entonces cuando comenzó en nuestras vidas una etapa de intentarlo todo. Recibíamos charlas de especialistas donde se nos explicaba la incidencia y se nos hacía ver la importancia de trabajar con amor por los niños con parálisis cerebral porque era vital para ellos.

Nuestro compromiso traspasaba las fronteras de lo recomendado por los profesionales de la salud, acudimos a todo tipo de terapias sugeridas por amigos que tenían niños con diferentes patologías. Recuerdo que alguna vez llevamos a nuestro hijo para que le realizaran un tratamiento de “lodoterapia con greda virgen”, que según la opinión de muchos, tenía unas propiedades curativas excepcionales. Sin embargo, el resultado no fue lo esperado. No sólo no se trató de greda virgen sino que nuestro hijo fue sometido a una lodoterapia con greda sucia y usada que no surtió ningún efecto. La recomendación del profesional a cargo era que no se debía bañar al niño… yo lo bañé de inmediato y, por supuesto, nunca volví a ese lugar.

No había oportunidad que pudiéramos desaprovechar para intentar algo nuevo. Acudimos a la medicina alemana para someterlo a un tratamiento de inyecciones. Una de nuestras hijas aplazó un semestre en la universidad para llevar a nuestro hijo al tratamiento. En este punto es muy importante destacar el apoyo, el amor y la gran disposición de todos nuestros hijos, de sus tíos y en general de toda la familia para cuidar, atender y consentir a Carlos Enrique.

Quiero compartir varios eventos en este caminar por la conquista de esa misión que quedó planteada el 24 de enero de 1986.

Un día, cuando Carlitos tenía dos años, nos quedamos solos y de pronto me puse muy triste y lloré. Cuando él me vio llorar, movió sus paralizadas manitos y limpió mis lágrimas…  

Otro día mi esposo y yo nos sentamos para hablar con él acerca de su futuro. Le explicamos que algún día teníamos que irnos para siempre y que él tendría que seguir sin nosotros. Al preguntarle acerca de cuál de sus hermanos prefería para que lo cuidara, respondió que a ninguno. Manifestó que deseaba estar en un centro especializado donde profesionales lo atendieran, pero que deseaba que sus hermanos lo visitaran y continuaran protegiéndolo. Ese mismo día, en la misma conversación, nuestro hijo nos sorprendió con una broma. Le dijimos que, de todos modos, no sabíamos quién se iría primero, si él o nosotros y él en un tono muy jovial nos señaló a nosotros, dejando ver que él no se iba a morir antes. Luego sonrió y nos hizo saber que estaba bromeando…

En otra conversación sobre el mismo tema, le explicábamos que de ningún modo él iba a quedar desamparado si nosotros falleciéramos porque teníamos las pensiones de nuestros trabajos, dinero que él heredaría y con el cual podría cubrir todos sus gastos y el personal calificado para que lo atendiera. De pronto se quedó un tanto pensativo y en uno de sus acostumbrados gestos fogosos nos miró y con señas nos preguntó cuando sucedería eso… pues a nuestro juicio le pareció muy llamativa la oferta…

Cuidar a Carlos Enrique ha implicado entender la misión que debemos cumplir. Todos nuestros hijos son profesionales, realizados con espléndidas familias y, por tanto, viven lejos de nuestro hogar. Él está con nosotros como el hijo eterno que no abandonará el hogar  al lado de sus padres…  él lo entiende perfectamente porque nos llama: “sus amigos del alma”.

Cuando tenemos que ausentarnos por un compromiso específico y él debe quedarse con alguien, manifiesta su inconformidad, pero termina negociando la ausencia nuestra con la promesa de tener una terapia, ya sea hipoterapia, fisioterapia o terapia del lenguaje. Sabe exigir y reclamar sus derechos, establece negociación en todo.

En nuestras habituales conversaciones le recordamos que todos sus hermanos viven lejos del hogar, por tanto, él tiene la misión de acompañarnos en casa. Él se preocupa porque quiere trabajar y ayudar. Le decimos que no es necesario, que lo único que deseamos es que nos acompañe y llene cada día nuestras vidas con su amor, su sonrisa y su presencia.
Su papá es su confidente, su tío Evelio es su confesor.
 
Cuando se siente mal desea que yo esté con él, entonces me acuesto a su lado y le dejo ver que él es lo más importante en mi vida… la paz y la tranquilidad pronto regresan y son visibles en su rostro.

Es muy notable su desarrollo. Puede leer aunque no pronuncie las palabras, interpreta y responde a preguntas sobre algún texto que le ha sido leído. Carlitos se hace entender sin necesidad de hablar, podemos tardar varios días, pero terminamos entendiendo lo que quiere manifestarnos. Alguna vez quiso expresarnos su admiración por un político que estaba en silla de ruedas. Después de muchas preguntas entendimos que se refería a un concejal que iba a su colegio (El Colombo Suizo) donde estudiaba. Él quería que votáramos por él.

La parálisis cerebral no le ha impedido a nuestro hijo llevar una vida normal y feliz, es muy coqueto con las mujeres bonitas, deja ver su  entusiasmo y atención por ellas. Ya no asiste a su colegio, el Instituto para niños especiales Colombo Suizo,  pero lo recuerda con gratitud y cariño.

Cuando aún estaba en su colegio, fue elegido personerito. Las elecciones se llevaron a cabo en el Puente de Boyacá: se colocaban las fotos de los candidatos y todos los niños especiales marcaban la foto de su elegido y de este modo votaban. Carlos obtuvo la mayor votación. En su gestión encontró el apoyo de la Primera Dama del departamento para llevar a todos los niños del colegio en bus a un centro recreacional. También logró que se embelleciera el colegio.

Ahora desea participar en las Olimpiadas de Fides, ya estuvo como espectador, pero ahora quiere tomar parte en las competencias.

Dios ha dispuesto que nuestro hijo y nosotros participemos de una gran misión. Como padres: lo cuidaremos y lo protegeremos. Como hijo, Carlos será nuestra compañía y razón para iniciar cada día.

Nuestro hijo nunca ha sido una carga, ha sido la oportunidad para crecer en el amor a Dios, Él dispuso y nos encomendó esta misión que se ha convertido en un aliciente por quien vivir. Todos nuestros hijos ya están realizados personal y profesionalmente. Carlos es nuestra razón, toda nuestra actividad gira en torno a él.

Hoy más que nunca entiendo que los hijos son prestados, llegan a nuestra vida como la mejor oportunidad para desarrollarnos, cumplimos nuestra tarea y ellos  se van…
Alguna vez reflexioné sobre esto cuando vi partir a nuestro hijo menor de ese entonces. Le dije a mi esposo que sería lindo que los niños se quedaran como bebés siempre, que nunca crecieran y así   poder mimarlos y consentirlos siempre… pues… Carlos ha sido el concretar de ese deseo, porque permanece bebé… inocente… inquieto y muy del lado nuestro… a nuestro lado siempre… 

Durante muchos años lo llevamos a Eucaristías de sanación y liberación. El tío, quien es sacerdote, le hizo muchas oraciones de sanación en momentos en que estaba muy mal y notamos su recuperación.

En esta parte quiero dejar un testimonio escrito por su tío el Padre Evelio, fruto de la experiencia de Dios en su vida, donde describe cómo actuó Nuestro Señor en un momento muy difícil en nuestras vidas:

 

“Una mañana del mes de septiembre de 1987 estando en la casa de mi hermano Luis Francisco a eso de las seis de la mañana, cuado ya casi se iban a trabajar a Samacá, desperté escuchando angustiosamente el llanto de Raquel, hermana de Kike, y a Elvia, mi cuñada.  Me levanté de inmediato y pregunté a Luis, mi hermano que estaba pasando, El me contestó: Carlos Enrique acaba de morir.  Fui de inmediato a la alcoba y le vi pálido, sin pulsación, ni respiración.  Conmovido les quise alentar con una reflexión sobre la vida y como KIKE nos había proporcionado mucha alegría en su corta vida y los lazos de unión que suscitó en la familia.   Les hablé del amor Misericordioso del Señor Jesús y luego de haber transcurrido unos veinte o treinta minutos los invité a orar y al imponerle las manos en el nombre del Señor Jesús. Sentí una fuerza espiritual y una voz que me decía: Pregúntale a tu hermano si tiene fe, de inmediato le pregunté a Luis, al hacerlo, él me contestó. Sí, yo tengo fe.  Le dije enseguida: en nombre de la Santísima Trinidad dale respiración boca a boca.  Él inició: en el nombre de Dios Padre (y le dio respiración), luego, en el nombre de Dios Hijo y posteriormente, en el nombre del Espíritu Santo.

 

Todos estábamos en oración, en silencio  contemplando aquel momento y juntos con gran fe esperábamos la obra de Dios.   Carlos Enrique al recibir aquel signo de Amor y de fe de la familia respiró profundo, volviendo a la vida y todos alabamos y dimos gracias a Dios porque se manifestó plenamente su Gloria”.

 

Este relato lo doy no para ponderarme sino para que todos manifestemos nuestra fe y sintamos cómo el Señor está vivo y actúa a pesar de nuestra debilidad en la oración. Debemos creer, como dice el P. Alberto Linero: “El Man está vivo”.  Dejémoslo actuar y no tengamos miedo, pues, Él, no nos quita nada y en cambio  todo nos lo da.  Nos conoce por nuestro nombre y nos ama con un amor eterno (Jer. 31,3).

Evelio de J. Sánchez S. Pbro.

 

La oración comunitaria ferviente y la de papá y mamá, han permitido que su vida sea plena y feliz, nuestro Carlos es un niño que entiende y se hace entender. Aunque su motricidad no está muy desarrollada, es capaz de expresar sus mensajes, sentimientos y emociones. Le encanta la música, le emociona aprender algo nuevo, le fascina que le canten, que le hablen en Inglés…  

Señor: gracias por regalarnos tu Santo Espíritu y porque a través de la oración ferviente  hemos visto cómo te manifiestas  en nuestro hijo.
Gracias porque nos fortaleces cada día, nos das razones para continuar trabajando en la misión que nos encomendaste. Gracias porque nos recuerdas que la vida tiene sentido cuando la vivimos  a plenitud en ti y por ti.

Gracias Señor por los ángeles (Pilar, Raquel, Mabel y Hollman) quienes siguen fortaleciendo nuestro hogar desde la distancia…

No sé cuanto tiempo más tendremos para compartir con nuestro hijo, lo único que tengo claro es que en cada amanecer veré la luz de un Dios misericordioso y generoso con sus hijos, un Dios que nos ofrece la oportunidad de mostrar lo que es el verdadero amor… Carlos Enrique es la oportunidad para agradecer el despertar de cada día…

Gracias Señor porque siempre estas ahí para nosotros, porque lo llenas todo, porque lo puedes todo…
Un 24 de enero no sólo me regalaste un hijo, sino una razón para luchar y mantenerme firme en ti. Amén.

Elvia Puentes

3133455190

               

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