Deseas que oremos por ti?

UN HOMENAJE A LA VIDA

Dedicado a: Mike Ricardo Landázuri Morán

Me ubico cerca de las nueve de la noche del 8 de agosto, había salido de trabajar y me disponía a descansar. Iba en un colectivo por la calle 26 a la altura de Hotel Capital en dirección occidente – oriente. Cerca del puente de la avenida 68 un sujeto se subió al colectivo y me rapó el celular de dotación de la empresa. Acto seguido, bajé del colectivo y lo perseguí. Crucé el carril de los buses y lo alcancé en la zona verde del separador, lo golpeé y le quité el celular. Nos desafiamos en una lucha fuerte, estaba oscuro y no me di cuenta que él me hería con un puñal. Empecé a sentirme mal, me caí y él aprovechó la circunstancia para herirme con más fuerza… entonces me desvanecí y le entregué el celular…

En ese momento mi papá llamó a mi celular, alcancé a ver en el indicador de llamadas, sin embargo no pude contestar porque él aprovechó también la oportunidad y me lo quitó. En la pelea que tuvimos él perdió uno de sus tenis, entonces me dijo que le entregara los míos, yo estaba muy mal y este hombre, también se apoderó de mis tenis. Recuerdo que me dijo: “se hizo matar por un celular”.

Descalzo y sin fuerzas me incorporé del lugar donde me dejó, una zanja en la zona verde del separador entre el carril de velocidad y el carril de los buses. Salí de ahí y traté de parar un bus o un carro… me estaba desangrando… Ante la negativa de la gente para recogerme, me arrodillé en medio de la vía y pedí ayuda, sin embargo no obtuve respuesta. Los pocos carros que pasaban se detenían y seguían. Saqué fuerzas y crucé la calle, llegué al paradero y me caí… De pronto vi a alguien que pasaba y escuché que me preguntó: ¿“qué  le pasa?... escuché la frecuencia de los radios de la policía… ya, prácticamente sin fuerzas, contesté las preguntas y les pedí que me llevaran a la clínica de Colsánitas, sin embargo decidieron llevarme al hospital de Fontibón.

Las fuerzas se me acababan, sólo deseaba llegar vivo al hospital… no quería morir…
Al llegar me preguntaron el nombre y un número de teléfono dónde pudieran comunicarse, alcancé a responder, sentí que me quitaban la ropa y luego perdí el conocimiento.
Desperté  al cuarto día  en el Hospital de la Samaritana, no sabía cómo había llegado ahí, estaba sedado, sólo veía médicos y enfermeras. Las imágenes del asalto se repetían en mi mente, entré en un estado de angustia y desesperación, estaba amarrado, entubado, llegué a pensar que estaba secuestrado, creo que eran el efecto de los medicamentos. Me solté y me quité los tubos, los médicos reaccionaron de inmediato y me sedaron para que me calmara.

Comencé a tener alucinaciones… vi con claridad que la muerte, vestida de negro, hacía su venia frente a mi cama, escuché decir a los médicos que tenía muerte cerebral, sentía que abrían mi cuerpo para realizar la autopsia… parecía que había muerto, sin embargo escuchaba voces…
Fue entonces cuando, en medio de ese túnel,  oscuro y solitario empecé a escuchar el fondo de una música muy bella… sublime: escuché a mis padres orar… eso fue una mezcla de dicha y temor; por un lado, escuchaba sus oraciones fervientes que iluminaban aquel túnel,  y por otro lado sentía que estaba presenciando mi funeral.
Siempre escuché música clásica, después asimilé que era la música ambiental de la sala de cuidados intensivos del hospital.

Mi mente estaba confundida, escuchaba el comienzo de la música y su final, cuando éste llegaba temía que se acabara, pensaba que al dejar de escuchar la música me habría ido para siempre…

Una noche en medio de la soledad y de la oscuridad, presencié una partida de ajedrez entre el bien  y el mal: entre ángeles y demonios. Sabía que yo era el objeto de esa partida porque deseaba ir al cielo y la lucha era entre el cielo y el infierno. Al final logré ir al cielo, cuando la ficha “rey” de los ángeles se presentó ante mí,  vi con claridad el rostro de Jesús. En todo momento sentí que mi papá me ayudó… al final quedamos los dos en el cielo.

Después de este sueño recobré la confianza y empecé a considerar que todo iba a salir bien. Sentí que mi papá armaba mi desarmado cuerpo y mi confusa mente… en ese instante sentí la fortaleza para levantarme…

Al día siguiente me hicieron un Tag cerebral, me sentí muy mal, creía escuchar que mi papá me acababa de operar y que el diagnóstico era muerte cerebral. Fue entonces cuando llegó mi mamá a visitarme, me preguntó cómo estaba, le dije que muy mal, que me sentía morir, ella me confortó diciéndome que yo estaba muy bien, que estaba progresando, que no había nada por qué temer. Comenzamos a orar, imploramos el sellamiento de la sangre de nuestro Señor Jesucristo y, poco a poco la angustia y la depresión fueron desapareciendo… le pedí que llamara a mi papá, quería que él viniera, que estuviera a mi lado porque sabía que era el médico que necesitaba para salvarme. Poco tiempo después él llegó, me hablo mucho, recuerdo que me dijo que no me podía ir, que él y la vida me necesitaban mucho y que él iba a hacer todo lo posible para que no me fuera… esto me dio fuerzas y al día siguiente estaba mejor, seguí evolucionando y todo empezó a estar bien.

Siempre sentí que mi papá fue un médico más, entendí que Dios lo había revestido del poder de curarme, el Señor puso en su boca las palabras que yo necesitaba para salir de ese túnel… El Señor utilizó a  mi papá para curarme.

En este momento hago una pausa para relatar un evento maravilloso en el viaje por ese túnel… algo que en su momento no hubiera podido explicar pero que ahora entiendo perfectamente. Una noche, en la soledad de la sala de cuidados intensivos me encontré con una escena asombrosa, vi cómo los médicos traían a una mujer muy bella, quien se arrodillo frente a mí cama y en posición orante miraba hacia el cielo, había tal resplandor que me quedé atónito, no podía cerrar la boca me invadía tal destello de luz que apenas pude ver su hermoso rostro… era una imagen  celestial, nunca podré olvidar ese rostro que no sólo me iluminaba sino me daba paz y tranquilidad. Hoy sé que la Reina Celestial estuvo acompañándome porque, con gran devoción mi familia y mis amigos ofrecieron el Santo Rosario en mi favor.

Fue un viaje terrible… pude no haber regresado, sin embargo lo hice gracias a la oración ferviente de mis padres, mis hermanos, mis amigos y familiares… estoy aquí contando esta experiencia de vida porque todos tenemos una oportunidad. Sé que muchos dirán,  se cuestionarán por qué me baje del colectivo aquella noche, por qué perseguí a ese sujeto que pudo y quería quitarme la vida… yo les digo hoy: “nunca antes he estado tan convencido de las misericordia de Dios, sea cual sea nuestra situación, por difícil que sean los caminos que crucemos, Él está con nosotros y al final estamos a salvo”  Nunca pensaré si valió la pena haber bajado de ese colectivo, lo que sí tengo claro es que en todo momento Jesús estuvo ahí… aunque tuve miedo, aunque estuve a punto de morir, Él nunca se separó de mí. El Señor tuvo compasión de mis padres y de mis hermanos porque es un Dios misericordioso con sus fieles; Él premió la fuerza de la oración de mi mamá, el nos mostró que nadie le gana en generosidad!!! Por otro lado,  entiendo que Él tiene un sueño para mí y quiere mostrarme cómo conquistarlo y yo voy a hacerlo realidad!!

 

Gracias… gracias… siempre gracias Señor: que sea tu voluntad mi destino y que se cumpla en todo lo que emprenda desde hoy, Amén”                   

 

EL FINAL DE UNA HISTORIA

Por: VALSLIFE

Definitivamente la vida nos ofrece la oportunidad de conocer personas maravillosas, tiernas, sencillas, interesantes, alegres, vitales en nuestro crecimiento personal… todas ellas llegan a nosotros y nos permiten aclarar nuestras dudas, valorar nuestra existencia, alegrar nuestros días más oscuros, proyectar y fijar nuestros objetivos en la dirección correcta… Se trata de todos esos asombrosos seres humanos que logran transformar nuestra cotidianidad haciéndola más  llevadera y significativa…
Y… es precisamente a uno de esos seres a quien dedico mi historia: “Para ti Arturo…”

Comenzaré por decir que siento que la historia de “mi flaco” quedo inconclusa y que debo terminarla en la Vida que es Dios y su infinito amor, porque es ahí donde podemos entender la adversidad y mirarla con ojos de paz y sabiduría para no desfallecer cuando llega y se convierte en una prueba…

Nacimos en la misma ciudad, crecimos en un ambiente de paz y tranquilidad, pero nos enamoramos cuando yo tenía 21 años y él 23.

Éramos dos jóvenes llenos de vida con un deseo infinito de emprender proyectos juntos, de trabajar por nuestros sueños y de conquistar ese “ser uno” que manda Dios en el matrimonio…

 Yo iniciaba mi segunda carrera y él finalizaba la primera. Nos encontramos en el aeropuerto que nos llevaría a nuestra ciudad de origen, donde normalmente pasábamos las vacaciones de mitad y de fin de año. Fue muy especial aquel día… mi flaco se dedicó a consentirme para dejarme ver que había algo más que una amistad… desde ese día comenzamos a salir como novios formalmente. No nos volvimos a separar… hasta aquel día en que el destino decidió por nosotros…
El tiempo juntos fue el espacio para aprender, vivir y crear proyectos… planear nuestra familia y participar de los sueños de todos los enamorados…
El tiempo pasó. Cinco años después cuando culminábamos nuestros estudios respectivos, llegó la hora de hacer realidad esos proyectos para los cuales se había invertido tanto y… fue entonces cuando una noche de noviembre una persona le quitó la vida…  

¿Qué pasó con todos esos sueños?...
Si Arturo era una persona inteligente, dada a la gente, carismático en todo lo que hacía, buen hijo, buen hermano (era el mayor), su mamá, una mujer trabajadora que soñaba ver a su primer hijo convertido en profesional… ¿Acaso no estuvo Dios ahí para protegerlo?... esas preguntas rondaban por mi mente  los días que siguieron a mi tragedia… no entendía qué había pasado…
¿Dónde quedaron los sueños… los proyectos… nuestro matrimonio próximo a celebrarse?

¡Pues fue ahí donde Dios estuvo! En mi dolor, en mi terrible sufrimiento… tenía que continuar y Él estuvo ahí para apoyarme, en su infinito amor y bondad me dio  fuerzas cada día para continuar mi marcha, para llevar a cabo mis proyectos… sin verlo, siempre sentí su presencia… aunque confieso que estuve confundida y enojada con Él…
Al comienzo no quería ver esa fuerza que infundía en mí para levantarme de mi depresión, no quería entender que Él trazaría los caminos que me llevarían a concretar mis proyectos y propósitos… no quería ver la verdad con ojos de sabiduría… fue entonces, cuando me tomó de la mano y me condujo por su senda…
Conocí personas maravillosas, viví situaciones donde veía claramente que Dios existía y estaba ahí para mí… entendí que las tragedias suceden aunque Él no  las quiera…
Todavía trato de entender como pude perdonar a esa persona que no sólo truncó los sueños de mi flaco, sino los míos y los de su familia… 

Bueno… comenzaré por contar que mi flaco esperaba que me graduara, transcurría el año 1997, me faltaba la Práctica Organizacional, él ya se había graduado y estaba haciendo una especialización en Educación Ambiental en Florencia (Caquetá), recientemente había sido nombrado Secretario de Agricultura del Amazonas. Teníamos todo planeado, ya habíamos escogido la casa dónde íbamos a vivir, sólo esperábamos mi grado para casarnos en Leticia…
Mi flaco debía viajar a Bogotá el fin de semana del 10 de noviembre,  pues el 11 cumplía años. Yo había estado en Florencia el fin de semana anterior y, según nuestro pacto a él le correspondía visitarme en Bogotá para celebrar juntos su cumpleaños.  Sin embargo, a última hora llegó a Florencia el  alcalde de Leticia, a una reunión con el gobernador del Caquetá, a la cual invitó a mi flaco, quien aceptó, a pesar de que  ya se preparaba para viajar a Bogotá.

Mi flaco me llamó a la 1:20 de la mañana. Asombrada le pregunté por qué no estaba en Bogotá pues asumí que había viajado según lo pactado después de clases a las 6:00 PM. Le dije que era muy tarde que me llamara al otro día para que habláramos, sin embargo él insistió en hablar conmigo mientras que se acababan las monedas que le había puesto al teléfono público, de donde me estaba llamando. De pronto escuché que le dijo a alguien: “no tengo plata”, acto seguido escuché un golpe, en ese instante se cortó la comunicación… No supe más, no teníamos en ese momento celulares, mi teléfono estaba averiado, no salían llamadas… no pude dormir, esperaba que amaneciera para ir en busca de un  teléfono para comunicarme o que mi flaco me volviera a llamar… sin embargo eso nunca sucedió…

Al día siguiente, cuando llamé a un amigo me dijo que lo había visto a eso de las 2.00 AM, quedé algo tranquila. Sin embargo insistí en comunicarme. Fue tanta la insistencia que nuestro amigo se preocupó y salió a buscarlo, ya había pasado el medio día…

A las 4.00 PM de ese día me llamó una compañera de estudio de él en Florencia, me saludó y no pudo decirme nada. En ese momento Mi negro Padilla, mi pareja en la actualidad, quien vivía en Florencia, pasó al teléfono y me dijo que había estado en Medicina Legal, porque lo llamaron a identificar el cadáver de Arturo y… que no había duda… era él… 
No dije nada… simplemente colgué y rompí a llorar…
Habíamos hablado horas antes… había sentido su voz en el teléfono… jamás pensé que prácticamente había sido testigo de su muerte desde la distancia, a través de un teléfono …
Horas antes de enterarme de la muerte de Arturo, estuve hablando con mi hermana y le contaba lo feliz que había pasado con mi flaco en la feria ganadera de Florencia el fin de semana anterior, de cómo habíamos disfrutado de un concierto de Diomedez Díaz, de cómo habíamos planeado celebrar su cumpleaños en Bogotá… ella me escuchaba tan emocionada que no fue capaz de contarme… lo que ya toda la familia sabía…

Mi mamá envió a unas tías y a unos familiares para que me consolaran… siempre les agradeceré que estuvieran ahí cuando más los necesité…

Dejé la universidad, a punto de terminar el semestre, viajé al día siguiente a buscar al flaco a Florencia…

Todo el viaje revivía nuestro primer encuentro en el aeropuerto y pensaba que llegaría allí y encontraría a mi flaco sonriendo como siempre… fue así como cinco años atrás había comenzado nuestra relación. Esta vez, en cambio, al llegar estaba el féretro esperando por mí para salir inmediatamente a Leticia, a su funeral… el dolor de apoderó de mí… mi flaco yacía a mi lado inerte sin decirme nada…
Siempre que viajamos llovía… ese día no fue la excepción…

Mi flaco gozaba la vida, era el Secretario de Agricultura del Amazonas, era zootecnista de la UDCA, donde, casualmente, trabajo en la actualidad, era un hijo excelente, con muchos proyectos para ayudar a su familia… era el hombre que me había propuesto matrimonio…

Han pasado casi 12 años desde aquel día… he seguido mi camino sin desfallecer, afrontando cada situación… 

Dios me bendijo con una hermosa hija hace 10 años y ahora espero mi segundo hijo, quien en cinco meses llegará y alegrará mi vida una vez más dándome razones para continuar mi labor como madre y profesional. Tengo a mi lado a alguien  especial que me acompaña, me anima cada día para continuar con  nuestros proyectos, expectativas y sueños…

Dios  nos pone en el camino para avanzar con Él, firmes, valientes… seguros, a pesar de la adversidad. Ahí esta Él colocando ángeles, como mis amigas y compañeras de trabajo, personas que se acercan a mi vida para hacerla mejor y más feliz… personas que Él utiliza para hacernos comprender sus designios… 
  
A través de la oración he conseguido la paz, la tranquilidad y el valor que he necesitado para llegar donde  estoy… la alegría y la ilusión han regresado a mi vida… finalmente  no se apagaron para siempre ese 10 de noviembre de 1997…

La adversidad nos pone en la difícil situación de elegir si continuamos en la vida o si nos rendimos. El depositarnos en el amor de Dios es una elección que bien podemos tomar o desechar. Yo decidí tomarla y aquí estoy contando un evento de mi vida que jamás hubiera querido recordar, pero que me ha liberado del dolor.  Sólo en el amor de Dios podemos sobrevivir a estas cosas…

JACKY
martinezlj24@gmail.com

 

LA RAZÓN DE AQUEL SUEÑO

Por: VALSLIFE

La razón de aquel sueño

Soy Paulina Peña. Me considero una mujer creativa, capaz de plasmar situaciones cotidianas a través de las canciones que compongo; creo haber llevado a cabo el proyecto de familia que Dios me encomendó cuando me casé; cada día me levanto con la idea de un sueño nuevo para realizar, hay muchas cosas bellas que circundan mi existencia… pero lo más importante es la forma que Dios tiene de comunicarse conmigo… de este modo comienza el relato de mi sueño…

Soñé que estaba en el corredor de una casa que tenía unas ventanas muy grandes. Me encontraba sentada de espalda a una de ellas, cuando sentí que alguien que se ocultaba tras la puerta, se aproximaba hacia mí y, de pronto sacó un arma, me apuntó y disparó. La bala pegó en el vidrio, rebotó y se incrustó en mi cabeza. Caí al piso y vi como mi espíritu salía de mi cuerpo, se incorporaba y me observaba tendida en el piso…

Presa de angustia y pánico, empecé a llamar a mis hijos para que me atendieran, pero ninguno me escuchaba ni me veía… yo intentaba abrazarlos pero ellos no me sentían… entendí con gran tristeza, que ninguno supo de mi muerte… para agudizar mi dolor, observé como siguieron sus vidas como si nada hubiera sucedido. Era tal mi soledad y mi abandono que no podía concebir  porque la vida se presentaba de esta forma…

Estando en esa reflexi ón, de pronto se acercó mi hijo menor, Oscar Javier, de tan sólo 8 años, quien me abrazó y me dijo: “¡¡mami, no te vayas, no me dejes solo, yo te necesito!!”. Lo abracé y entre lágrimas le dije que lo sentía mucho pero que tenía que irme porque ya estaba muerta. Lloramos juntos, me acompañó a la puerta y nos despedimos. Me quedé mirando el hermoso cielo azul y vi tres señores sentados, el que estaba en el medio era muy anciano, tenía barba blanca que le caía a los pies y sostenía un libro muy grande, Él me miró y me preguntó: “Qué tienes para tu pasaje?” en ese momento me sentí muy segura de mí y le respondí: “yo rezo mucho”.  Él me contestó: “eso no te sirve para nada”. Muy asustada por la respuesta le dije que yo daba limosna en la iglesia a lo cual Él respondió: “no te alcanza para nada”. En ese momento sentí una angustia aterradora, empecé a llorar con desesperación, suplicándole al Señor que me perdonara y que me diera una nueva oportunidad para cambiar, deseaba con todo el corazón que eso fuera un sueño del cual pudiera despertar.  Estaba aún en mi desolación cuando apareció un tren viejo y estrellado, el cual tenía que abordar.

Subí al tren, saludé a todos los que estaban pero nadie me contestó, todos me ignoraban, era claro que a nadie le importaba, era tan profundo el silencio que percibí lo que es la soledad absoluta. La única esperanza que tenía era llegar al destino y encontrar a mamá y a mi hermana que  habían fallecido  años atrás. Sin embargo eso nunca sucedió…  

En la parte trasera del tren, había un puesto desocupado, cerca de la ventana, al lado iba una mujer muy joven, no tendría más de 18 años, trigueña de cara redonda y cabello corto. La saludé, me contestó con amabilidad y, en ese momento desapareció el tren y quedamos en la vía férrea. Revisé mis bolsillos  y me di cuenta que se me había acabado el dinero que daba de limosna. Esa mujer y yo quedamos solas y sin saber a dónde ir…

Aparece en mi escenario una fuente de agua cristalina. Con gran ilusión me acerco para beber pero apenas lo hago el agua desaparece, no tenía derecho a tomarla…

Seguimos caminando y de pronto encontramos dos caminos, debíamos decidir, cuál  tomar, le dije a la muchacha que tomáramos el más angosto, pero ella me convenció para tomar el más ancho, pues a lo lejos se veía una luz y pensamos que habitarían algunas personas que, eventualmente podrían ayudarnos en el transe que estábamos pasando. Al aproximarnos al lugar escuchamos música y vimos a unos hombres vestidos de negro que se acercaban. Cuando estuvieron frente a nosotras, tomaron a la muchacha por la fuerza para hacerle daño. Como pude los enfrenté tomé a la chica de la mano y corrí en dirección contraria. Tomamos el camino angosto, sentí un viento helado, volví a ver manantiales de agua pero no me era permitido beberla. Fue entonces cuando me postré y le supliqué a Dios que me dejara calmar mi sed, que apagara ese fuego que me estaba consumiendo, que me diera otra oportunidad…
Ahí desperté llorando…

No lo podía creer, una y otra vez daba gracias a Dios por haberme dado otra oportunidad.

A partir de ese momento entré en una profunda depresión, lloraba constantemente, recordaba con horror aquel sueño, me preguntaba una y otra vez por qué lo tuve, qué quería mostrarme Dios con él… por qué el único que me abrazó y me pidió que me quedara fue mi hijo menor…

Empecé a entender que Oscar estaba muy solo, que me necesitaba más que nunca, me dí cuenta que había estado muy ocupada con el trabajo de la finca y que mi hijo había pasado muchos inconvenientes sin contar conmigo. Entendí que Dios realmente esperaba más de mí, no sólo como madre, sino como persona. Debía sentir el aislamiento, el abandono, el sufrimiento, la angustia y la sed que, posiblemente estaba sintiendo mi hijo en su soledad… 

Desde entonces, he trabajado con amor y entrega por alimentar el amor en mi familia; sé que no es suficiente, pero hemos logrado mucho juntos; sé que Dios está conmigo fortaleciéndome en mis debilidades y apoyándome en mis aciertos; mis hijos están bien, hemos crecido juntos, mi Oscar ya va a cumplir treinta y yo siento que la vida en Dios me da la tranquilidad que me fue negada en aquella época en la que aquel sueño no sólo removió mis sentimientos más íntimos, sino restauró mi fe y mi compromiso real con mi proyecto de vida.

Para quien tiene Fe, Dios se manifiesta de muchas formas, conmigo ha sido particularmente generoso, me regala la inspiración para orar de manera diferente: componiéndole canciones y cantándolas en ¡¡acción de gracias!!

Para ti Dios omnipotente y fiel te dedico mi canción:

“aunque soy tan pequeñita, sé que mi Dios me esta viendo.
Cuando lo llamo me escucha y siempre me esta protegiendo.

Coro: Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo
Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo

Él inspira mis canciones, me las dicta en un instante
Pone voz en mi garganta y le gusta que le cante

Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo
Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo

A nada le tengo miedo porque Dios está conmigo,
Es mi Padre, es mi Hermano, también mi mejor amigo.

Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo
Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo

Lo llevo en mis pensamientos, habita en mi corazón,
Él me ama y yo lo amo y siempre me da protección

Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo
Mi Dios me mira, mi Dios me escucha, mi Dios me está protegiendo”

 
Han pasado casi 20 años desde aquel sueño… lo recuerdo como si hubiera sucedo ayer… pero ya no tengo miedo, ya no me invade la angustia ni la confusión… ya estoy en paz, en armonía con el proyecto que Dios quería para mi vida. Sé que nunca será suficiente todo lo que hagamos para ser mejores padres para nuestros hijos, para ser mejores personas para los demás… pero lo que sí es claro es que Dios está ahí cuando lo necesitamos y que nos ama cuando menos lo merecemos…

Viví ese sueño… sufrí ese sueño… pero Él estaba ahí para transformarlo y darme la paz que siento ahora…

Sobrevivimos porque Dios siempre esta ahí…

Paulina Peña
Cel.3132414355
Cel.3002662414
Casa. 8116425

 

 

EL VIAJE AL ENCUENTRO

El viaje al encuentroEra un día tranquilo... uno de esos que no quisiéramos olvidar nunca...

Todo se remonta al 19 de diciembre de 1997… estaba con mi madre y Doris, mi esposa, en el colegio donde trabajo. Me habían pedido que cantara las novenas de aguinaldo para el personal administrativo. De hecho, cantar las novenas es una actividad que no sólo disfruto, sino que llena el espacio que reservo para celebrar cada año el nacimiento de nuestro Señor...
Terminada la novena salimos, llovía y entonces decidimos entrar a un sitio  a comer “donas” y a pasar un rato mientras cesaba la lluvia. De pronto mi madre le dijo a Doris: “Debes cuidar a mi hijo que trabaja mucho”, pero Doris replicó, “claro, pero no se olvide que es usted la que nos cuida a todos”, mi madre, entonces dijo: “pero yo no voy a estar siempre”... sin embargo yo me dije: “sí, no me voy a preocupar, ella siempre va a cuidar de nosotros”...
Les di un beso a las dos y me fui a trabajar... esa fue la última vez que vi a mi madre viva...

Al día siguiente  papá y  mamá salieron de viaje  rumbo a Ibagué, asistirían al concierto que daba mi hermana en el evento de Inauguración de la emisora de la Policía en Ibagué. Salieron a las 4:30 de la madrugada con Luis Eduardo, el esposo de mi hermana, no pude despedirme porque la noche anterior había trasnochado en un evento, como músico siempre sabemos que los eventos son hasta la madrugada y ese día llegué a casa al amanecer… era el 20 de diciembre...

No dormí mucho, me levanté a las 8:00, debía “cantar unas Bodas de Oro”. Durante la eucaristía estuve inquieto, no sabía por qué... debía concentrarme en el evento, sin embargo  mi mente daba vueltas y vueltas, como queriendo encontrar un lugar donde fijar su atención... finalizado el evento, fui de regreso a casa. Estando ya cerca vi en la esquina a un tío que no frecuentaba mucho, se acercó y me preguntó si sabía algo de mis papás, le dije que habían salido de viaje muy temprano. Pero él me dijo, Mario, lo que sucede es que ellos tuvieron un accidente. En ese momento vi a mi esposa y a mi suegra corriendo hacia mí. Parece que alguien llamó para avisar que en “el Boquerón”, llegando a Melgar había habido un accidente...sentí que las fuerzas se me agotaban, pensé… ¡claro el carro de mi papá...! en ese momento, contemplé a mi padre en mi mente y lo sentí en mi corazón... recordé que siempre me decía:”no se te olvide que el día que yo falte, debes encargarte de la familia, de tu mamita y de tus hermanos... entonces miré a mi esposa y le dije: “mis padres murieron”... ella, sin embargo,  me confortaba diciendo que no me adelantara a los hechos, que esperara para saber exactamente qué había pasado…

Me dirigí a la casa para recibir la llamada de Clemencia, mi hermana quien se encontraba en el lugar del accidente y quien confirmó lo que ya había dicho mi corazón, minutos antes... mi hermana dijo que salía para Ibagué porque su esposo estaba muy mal herido y que mis papás estaban en la morgue del hospital de Melgar...
Fui a casa de mis padres y hablé con mis hermanos y con otros familiares. Cuando vi a Alejandro mi hermano menor, quien aún vivía con ellos, recordé el encargo de mi papá, tomé fuerzas y organicé el desplazamiento a Melgar. Alquilé un vehículo que nos llevara, le pedí a Alejandro que se quedara para atender las llamadas.

Durante el viaje Bogotá – Melgar pensaba todo el tiempo en las palabras que decía mamá cuando estaba pequeño: “cuando estés triste: canta; cuando estés alegre: canta; cuando estés enojado: canta; siempre canta porque la música es el alimento del alma”. Al llegar a Melgar, abracé a mi hermana y le dije que no se preocupara por nada, que estuviera al lado de su esposo, que Él la necesitaba más que nunca...
Al entrar en la morgue me encontré con algo muy injusto, por alguna razón quienes colocaron los cuerpos de mis padres, los dejaron de esa forma: El de mi padre reposaba en una camilla y, al lado en el piso, estaba el cuerpo de mi mamá... todo el tiempo pensé que mi madre no debía estar allí... los acaricié a los dos, les pedí perdón y les agradecí por todo lo que habían hecho por  nosotros, respiré profundo, despedí a mi hermana que se iba para Ibagué, hablé con algunos médicos y autoricé las necropsias de mis padres...
Pasadas cuatro horas y por solicitud  de los médicos, tuve que revisar los cuerpos inertes de mis padres...”algo impactante... separar la calidez y sublimidad de la vida, de la frialdad y barbaridad  de la muerte...”  

La explicación que me dieron sobre la causa del accidente se fundamentó en que el carro de mi papá invadió el carril contrario y se estrelló de frente con una tracto mula... esa ilustración no sólo me confundió sino que me entristeció, pues  mi padre fue “maestro de conducción” durante 30 años...
Nunca supimos la causa real del accidente, pero todo apunta a que mi Padre se infartó segundos antes del impacto y perdió el control del vehículo o la otra posibilidad apunta a que la llanta delantera izquierda del vehículo se estalló de manera repentina y no hubo manera de controlar el carro.
Ya anochecía cuando recibí los cuerpos de mis padres... me dirigí a Bogotá.
Al llegar y reunirme con  amigos, conocidos y familiares, ellos me pedían una explicación de lo sucedido... de repente alguien se acercó y me dijo: “cómo es posible que personas tan piadosas mueran así, ¿dónde estaba Dios?”, lo miré con firmeza y convencido le respondí: “Dios siempre estuvo ahí, fue su voluntad rescatar a esos seres maravillosos que ya estaban maduros para Él”... el silencio se apoderó del lugar después de mis palabras...

El domingo 21 a las 7:00 de la mañana me enteré que mi cuñado acababa de morir en Ibagué, no dejaba de pensar en mi hermana quien no sólo ya había perdido a sus padres, sino que ahora perdía a su esposo...

Velamos a nuestros padres y a Luis Eduardo, mi cuñado el 22 de diciembre... hicimos realidad varios de sus sueños:  Querían vernos juntos cantando y en sus exequias las voces se juntaron para alabar a Dios y para complacerlos a ellos... en mi discurso, exhorté a todos a celebrar la navidad ya próxima, porque nada podría opacar el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, les dije que estaba tranquilo porque sabía que mis padres y mi cuñado celebrarían la Navidad junto a Él y eso era motivo de gozo y no de tristeza... una vez más las personas me miraban extrañadas, un tanto confundidas... el Padre Edilberto Rojas, quien no sólo celebró nuestros matrimonios, sino que se convirtió en nuestro guía espiritual me dijo que se sentía muy satisfecho de ver el testimonio de madurez en la fe y en el amor de Dios que yo ofrecía en ese momento a quienes me escuchaban…

Con el tiempo comprendí que esa fortaleza, a la cual se refirió el Padre fue el mayor legado que nos dejaron nuestros padres; el mismo que legaremos a  nuestros hijos y a todos los que se crucen en nuestro camino, porque la paz verdadera viene de un amor auténtico que sólo ofrece Dios en Jesucristo  y con Él todo es posible… por eso cantamos para Él, componemos para Él, no sólo  nuestros mejores versos, sino la oración diaria en su honor;  por eso en la memoria de cada navidad no es la tristeza la que invade nuestro espíritu; sino es el gozo y la paz quienes se apoderan de nuestro espacio y de nuestro tiempo…

 Sólo es posible celebrar cuando estamos convencidos de la presencia activa de Dios en nuestra vida; sólo es posible sobreponerse a la adversidad cuando se está seguro de  no estar solo…
 Podemos celebrar en la aventura diaria de caminar a su lado en  nuestro rumbo; en la magia  de ver su rostro en los que  nos rodean; en la grandeza de saber que nuestra vida le pertenece!! … El 20 de diciembre de 1997 mis padres y Luis Eduardo no estaban solos… yo no estaba solo… Jesús estaba ahí… de eso estoy seguro!!!

Mario Adolfo Méndez López
maticesproducciones@gmail.com
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3112106560

 

 

UN ANGEL LLAMADO PAZ

Por: VALSLIFE

un angel llamado pazComienza el Nuevo Milenio y con él mi quinto embarazo. Soy una mujer bendecida con un gran esposo y cuatro hijos maravillosos.

La mayor de ellos ha comenzado a estudiar medicina en la universidad; mi segundo hijo ha iniciado el bachillerato; mi pequeño de tan sólo cinco años se prepara entusiasta para entrar al jardín y… mi bebita de tan sólo un año…

Soy presa de una mezcla de sentimientos: por un lado me cautiva la maravilla que despierta sentir a un ser creciendo dentro de sí y por otro me invade la angustia de enfrentar el crecimiento en número de los miembros de mi hogar.

La situación se complica cuando mi esposo se muestra ajeno y distante de nuestro compromiso de padres, se va alejando de la magia de nuestro hogar y se declara mi más terrible adversario. Este sería el inicio de una lenta y sombría agonía en mi vida…

Apenas intentaba reponerme de este golpe, sacando fuerzas para sobrellevar la situación con mi esposo, cuando nuestra hija mayor nos reunió para comunicarnos que también estaba embarazada. Esta fue la gota que rebosó la copa en el estado anímico de mi esposo, quien sugirió que debía organizar su propio hogar lejos del nuestro. Una de las cosas más difíciles de soportar fue el hecho de que mi hija tuviera que irse a vivir “sin casarse”, teniendo en cuenta que su formación espiritual era fuerte y que, incluso había deseado ser religiosa.

Siempre le dije a mi esposo que nuestros hijos eran nuestra bendición, nuestro regalo de Dios. Luché por todos los medios para convencerlo de que sin importar el número, cada hijo trae consigo la luz que ilumina una vida de hogar, sin embargo su posición firme y tajante no mostraba indicios de un cambio de actitud.  

En este punto llegué a dudar de mí, de mis profundas convicciones y llegué a pensar que me había quedado sola.

Alguna vez un tío me regaló un libro titulado: “Dios y los hijos”, no lo leí en su momento y no sabía dónde lo había guardado. Un día me encontraba llorando en un rincón de la casa y de pronto lo vi, lo abrí y comencé a leer… encontré una cita que decía algo así: “Padres necios no os dais cuenta que Dios os da la oportunidad de criar y formar hijos para su Reino…”. Me quedé impactada, sentí que era la respuesta que había estado esperando, decidí que tendría a mi bebé por encima de cualquier situación adversa y… así fue!  

La situación se tornó cada día más difícil, mi esposo  redujo su aporte económico, supe que consiguió a alguien con quien pasar buena parte del tiempo que le debía a su hogar, llegaba tarde y… algunas veces no llegaba, esto no sólo me preocupaba, sino me deprimía, sentía que me internaba en un túnel sin esperanza de ver la luz…

Pero esa luz no tardó en aparecer…
Surgieron personas dispuestas a ayudarnos. Recuerdo a un señor que mensualmente nos traía mercado que no sólo bendecía mi hogar, sino el de mi hija que ya vivía en otro lugar. Una compañera y amiga del trabajo me llevaba y me traía. Un médico amigo nos llevó el control del embarazo a mi hija y a mí y finalmente nos atendió en el parto. En medio de mi penosa situación tuve siempre un oasis donde aliviar mi dolor.
Nunca renegué de mi vida, recuerdo que en oración le dije a Jesús: “te ofrezco todo este dolor, sólo te pido que me regales salud, porque esto que estoy viviendo es una prueba y como tal la acepto, no puedo cambiar nada, dame la fuerza necesaria para no desfallecer”.

Un ingrediente más se hacia presente en mi prueba, algo que no sólo fue terrible, sino que aplacó la esperanza que siempre mantuve de tener un día mejor. Transcurría el octavo mes de embarazo y en el control el doctor me mostró que mi bebé no crecía… parecía que había problemas, sin embargo, muy dentro de mí sabía que no estaba sola, sentía que cada vez era más fuerte. De hecho pude conseguir el ensure y todo lo que fue necesario para levantar mis defensas.

Cercano el tiempo de dar a luz a mi hijo, los amigos y compañeros de mi hija le organizaron un “baby shower” en la universidad, fue increíble la cantidad de regalos que le llevaron, tantos que pudimos repartirlos entre los dos bebés: mi nieta y mi hijo.

Llegó el momento del parto, mi esposo estaba de viaje, no tuve el valor de llamarlo, acudí a mi familia y amigos y tomé un taxi para ir al hospital. Mi bebé nació contra todo pronóstico, era saludable… hermoso, era la imagen viva del niño Jesús…
A las 10:00 PM de ese día llegó mi esposo al hospital en compañía de mi segundo hijo. Cuando vio a nuestro hijo, supo que algo nuevo había llegado a nuestro hogar.

A mi regreso a casa con el bebé, sentí algo muy especial… se respiraba una calma total… agradezco a mi ángel que trajo la paz  a nuestro hogar…
Mi esposo cambió por completo cuando nació nuestro hijo, dejó a la otra persona y regresó de lleno a nuestro hogar.
Siento que “mi ángel” al igual que las tormentas removió, limpio y abonó la tierra de mi matrimonio para que floreciera de nuevo.

En este momento quiero revelar algunos eventos que formaron parte de “esa experiencia de vida” donde Dios siempre estuvo presente:

*Durante el embarazo vi a mi hijo dentro de mi vientre en posición orante…
*Cuando lo vi, recién nacido, vi al Niño Jesús…
*Durante mi embarazo siempre le pedí a la Virgen María que se encargara de mi bebé porque yo no podía; le pedí que no permitiera que él viera o escuchara todo lo que pasaba a su alrededor, todo el rechazo social de que fui objeto no sólo por mis amigos y conocidos, sino por mi propia familia, no quería que mi hijo viera ni sintiera mi sufrimiento…

Un día estaba mi esposo frente al computador y cargaba a nuestro hijo de apenas seis meses, de pronto apareció una imagen de Jesucristo en la pantalla, cuando el bebé la vio, se acercó y la besó…

 A los tres años estábamos reunidos y de pronto “mi ángel” me dice: “mami yo te vi todo el tiempo cuando estaba en tu barriga, pero eras muy distinta: tenías el cabello largo (yo lo tengo corto), tus ojos eran azules (los míos son café oscuro) y siempre estabas sonriente”. Mi hijo relató en detalle como viajaba dentro de mí ser desde el vientre hasta la cabeza donde veía algo así como una corona, pasaba por mi corazón y veía su cunita… en ese momento entendí que “La Virgen María” lo acompañó todo el tiempo y no permitió que sufriera lo que yo sufrí, la Virgen lo cuidó… “mi ángel tuvo a la mejor mamá del mundo!!!”

Mi niño nunca me despertó en la noche, sé que es normal desvelarse cuando nace un hijo, ya lo había vivido con mis cuatro hijos, este bebé fue diferente, fue el premio que Dios ofreció a mi paciencia, a mi fortaleza a mi amor y mi devoción por Él…

Con el nacimiento de nuestro quinto hijo empieza nuestra empresa familiar y con ella nuestra prosperidad, vivimos bien, contamos con lo necesario para ser felices, estamos en armonía y en paz…

Gracias hijo porque trajiste la paz a nuestro hogar, viniste a confirmar todo lo que dije de Dios acerca de su fidelidad, de su infinito amor, de su misericordia y de su plenitud en todo y en todos…
Gracias porque con tu nacimiento Dios premió mi total compromiso y mi temor a ofenderlo…
Gracias hijo porque hiciste que tu papito creyera en Dios (hoy mi esposo va a la eucaristía dominical y comulga), me mostraste el milagro de la vida frente a la adversidad… con tu nacimiento se conjugaron dos cosas: la conversión de mi esposo y el renacer de nuestro hogar…

Dedico este mensaje a todas las mujeres que tienen miedo de enfrentar el embarazo y el nacimiento de un hijo. Les digo hoy que le dejen ese trabajo a María… a Dios… ustedes sólo presten su vientre para que se lleve acabo el milagro… yo lo hice y pese a toda adversidad, hoy tengo a mis cinco hijos, a mis dos nietos,  mi hija esta casada y feliz al lado de su esposo, un esposo y un hogar maravillosos… Dios se manifestó en  mi hijo menor para hacerme entender que debía nacer de nuevo… fue muy difícil pero nunca estuve sola… Él siempre estuvo ahí!!!

 

 

EL SEIS A LAS SEIS...

Por: VALSLIFE

El seis a las seisEra la madrugada del seis de diciembre de 2003. Me levanté muy temprano, quería celebrar mi cumpleaños al lado de papá, quien vivía en otra ciudad, razón por lo cual, debía apurar el viaje para llegar a tiempo a desayunar con él. Salí de casa un poco antes de las 4:00 porque debía llevar a mi pequeña hija de cuatro años para que se despidiera de su padre, quien había dejado el hogar meses antes…

Quiero destacar las veces (ocho) y la forma en que mi ex esposo abrazó a la niña para despedirse: una mezcla extraña de ternura y temor. En su momento no entendí el significado de aquel gesto. Más tarde lo tendría muy claro.

El viaje era tranquilo, comenzaba a amanecer y mi nena decidió que no dormiría más en el asiento trasero del carro, sino que permanecería en pie orando el rosario conmigo. Habían transcurrido algunas horas cuando decidí acelerar el viaje. No podría precisar a qué velocidad iba en ese momento, sólo puedo asegurar que el carro había superado el límite de velocidad permitido. Comenzaba a descender el “Alto de Tierra Negra”, lugar ubicado entre Zipaquirá y Ubaté, el reloj marcaba las 5.59, de pronto mi niña, quien permanecía de pie en la parte trasera y extendía sus bracitos alrededor de mi cuello, me dijo: “Mami has pasado muchos carros, déjame pasar adelante contigo para ver mejor”. Hubiera podido decirle que no, sin embargo, le permití pasar a la silla delantera y le puse el cinturón de seguridad. No sé cómo ni por qué, la nena reclinó el espaldar de la silla completamente, algo que no entendí, pues ella quería estar adelante para tener una mejor vista del panorama y, por supuesto, de los carros que mamá adelantaba en su ruta. Habían transcurrido algunos segundos después de este evento, cuando apareció un camión muy grande (una tracto Mula) que se expandía a lo largo de la vía para tomar la curva que era muy cerrada. Debido a la velocidad en que conducía y a la proximidad del vehículo en dirección contraria, no tuve otra alternativa que frenar. Sin embargo, el carro no respondió y rodó dando un giro en dirección a la tracto Mula.

¡No supe qué paso! Lo único que recuerdo es que desperté ligada al cinturón de seguridad, al lado de mi hijita y cubierta por montones de partículas de vidrio.

Lo primero que hice fue atender a mi nena, quien permanecía acostada en la silla delantera, donde segundos antes se había ubicado y quien atónita me miraba fijamente. Después de contar con la asistencia de algunas personas que vivían cerca, logré sacar a mi hijita del carro y llevarla a un lugar seguro para revisarla. Para mi sorpresa, la niña no tenía ni un rasguño, yo tenía algunas lesiones, no tan graves, como para impedirme ir en busca de ayuda.

En palabras simples puedo afirmar que “NO HUBO UNA TRAJEDIA”. Me enteré del impacto y de la magnitud del accidente por algunos testigos y por el mismo conductor de la tracto Mula. Nuestro carro se estrello contra las llantas traseras del camión y rebotó al otro lado de la vía, fue declarado pérdida total.

Desde entonces me he preguntado:
 
¿Qué habría sucedido si mi pequeña hubiera estado de pie cuando impactó el carro?, ¿habría sobrevivido?... sé que ¡no!,
 ¿Por qué mi niña decidió ubicarse en la silla delantera y reclinar el espaldar segundos antes del accidente?,
¿Por qué su papá se despidió de ella abrazándola tantas veces?, ¿acaso presentía que podría ser la última vez?...

¿Por qué estoy contando esta experiencia de vida hoy?... simplemente porque tuve otra oportunidad… “¡sobrevivimos porque Jesús estaba ahí!”     

 

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