Deseas que oremos por ti?

Homilías del Padre

DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO C

Cuentan que un hombre que iba creciendo en su vida espiritual, llegó un momento en el que se dio cuenta de que era santo... En ese mismo instante, retrocedió todo el camino que había recorrido y tuvo que volver a comenzar desde cero. Cuando una persona va trabajando intensamente en su proceso de crecimiento espiritual, tiene que cuidarse de dos amenazas: la primera es perder la esperanza y pensar que nunca va a alcanzar la meta. La segunda, no menos peligrosa, es pensar que ya llegó. Las dos situaciones son igualmente nocivas. Ambas producen un estancamiento en el camino espiritual.

Hay que reconocer que es bueno ser conscientes de nuestros avances y logros; ciertamente, es sano saber que nos comportamos bien y que nuestra manera de obrar está de acuerdo con el plan de Dios. Todo esto coincide con una sana autoestima, tan valorada recientemente por algunas corrientes psicológicas. Pero no debemos olvidar que esta actitud puede llevarnos a perder de vista lo que nos falta por avanzar en el propio camino espiritual; y, por otro lado, puede producir una actitud de desprecio por aquellos que, por lo menos aparentemente, van un poco más atrás.

Por otra parte, si vivimos en la verdad, reconociendo nuestros propios límites, sabiendo que no estamos terminados, tendremos siempre la alternativa del crecimiento; podremos avanzar siempre más adelante.  Tan peligroso para nuestra vida es dejar de caminar, como pensar, antes de tiempo, que ya llegamos.

Para complementar por favor consulte :

| Editorial |

| ¿Es usted un fariseo o un publicano? |

| El siervo y el patrón |

 


LOS QUE SE SALVARON DE LAS TORRES GEMELAS

Después del 11 de septiembre de 2001, una compañía invitó a los miembros sobrevivientes de las compañías que hablan sido afectadas por el ataque de las Torres Gemelas, para compartir su espacio disponible de oficina. En una reunión de la mañana, el jefe de seguridad contó historias de por qué esta gente estaba viva... y todas tenían que ver con pequeños detalles.

Estos pequeños detalles fueron:

  • Al director de la compañía se le hizo tarde porque era el primer  día del kinder de su hijo.
  • Otro compañero estaba vivo porque le tocaba llevar las donas para el cumpleaños.
  • Una mujer se retrasó porque su despertador no sonó a tiempo.
  • A uno se le hizo tarde porque se quedó atorado en la carre­tera en la que había un accidente.
  • Otro había perdido el bus.
  • A alguien le cayó comida encima y tuvo que tomarse el tiempo para cambiarse.
  • Uno tuvo un carro que no arrancó.
  • Una se regresó a contestar el teléfono.
  • ¡Otra tuvo un bebé!
  • Otro no consiguió un taxi.
  • El que más me impresionó fue un señor que se puso un par de zapatos nuevos esa mañana, pero antes de llegar al tra­bajo le había salido una ampolla. Se detuvo en la farmacia para comprar una curita. Por eso está vivo hoy.

Ahora, cuando me quedo atorado en el tráfico..., pierdo un ascensor..., me regreso a contestar un teléfono..., todas esas cosas que me desesperan, pienso: "Este es el lugar exacto en el que Dios quiere que esté en este preciso momento".
La próxima vez que la mañana te parezca enloquecedora..., los niños se tarden en vestirse..., no logras encontrar las llaves del carro…, te topas con todos los semáforos en rojos…, no te enojes ni te frustres; recuerda que hay alguien que te está cuidando.

“(...) orar siempre sin desanimarse”

“No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante. También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada, jalándola con el riesgo de echarla a perder, gritándole con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad, no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que, un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas veces queremos encontrar soluciones rápidas y triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que solo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y coherente y saben esperar el momento adecuado”.   Todos tenemos, recordar el ciclo de maduración del bambú japonés y aceptar que, en tanto no bajemos los brazos ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos, si está sucediendo algo dentro nuestro: estamos creciendo, madurando. Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

La propuesta del Señor es que tratemos de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación. Estamos llamados a gobernar aquella toxina llamada impaciencia; la misma que nos envenena el alma con sus prisas y afanes de cada día. Si no conseguimos lo que anhelamos, no deberíamos desesperarnos... quizá sólo estemos echando raíces...

En la vida cristiana, la tenacidad es condición indispensable si queremos alcanzar alguna meta.  El bien nos exige perseverancia.  El amor a los hermanos.  Y de igual manera la práctica de la oración.


 

 

DOMINGO VIGÉSIMO

“Yo he venido a prender fuego en el mundo”

 “Una gran pelea está ocurriendo dentro de mi; es entre dos lobos. Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría. El otro es bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe. Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes también, y dentro de casi todos los seres de la tierra”. Lo pensaron por un minuto y uno de los niños le preguntó a su abuelo: “¿Cuál de los lobos ganará?”. Y el viejo cacique respondió: “Simplemente… el que alimentes”.

Esta historia del viejo cacique revela la lucha que existe en nuestro propio interior y en el mundo entero. Hay dos fuerzas enfrentadas entre sí, que se disputan nuestras decisiones.

Está hablando de esta lucha que nos atraviesa interiormente y que atraviesa todas nuestras relaciones. Jesús no quiere una paz mal entendida entre estas fuerzas que se disputan nuestras decisiones y que lo hacían tambalear a Él mismo: “Tengo que pasar por una terrible prueba, y ¡cómo sufro hasta que se lleve a cabo!”

No  podemos ser neutrales ante cualquier conflicto. Seguir a Jesús, supone tomar partido por la justicia, el amor, la comunión…

¿-“Cuál de los dos lobos ganará?” Y la sabia respuesta del abuelo, será la que recibiremos:

“Ganará el lobo que tú mismo alimentes en tu interior”. ¿Cuál es el lobo que tú estás alimentando?...

 

LA LÁMPARA ENCENDIDA

Cristo nos enseñó que los cristianos somos luz para el mundo. Mantengamos viva nuestra llama.

Un estudiante soporta burlas porque defiende sus convicciones cristianas. Una obrera se porta correctamente, no obstante el ambiente difícil de la fábrica. Una religiosa permanece fiel a sus compromisos, a pesar de las dificultades y los años. Una pareja continúa enseñando la fe a sus hijos con amabilidad y constancia, en medio de un hábitat pagano. Un gerente medita largas horas sobre cómo mejorar el nivel de vida de sus obreros. Un publicista sabe juntar la promoción eficaz de un producto con mensajes constructivos y hermosos. Una señora adinerada financia silenciosamente aquella obra social que iba a cerrarse. Un profesional gasta sus ratos libres en ayudar a los pobres. Una familia renuncia a un viaje a exterior para que otra familia libere su casa hipotecada.

Estos son cristianos que deciden mantener su lámpara en­cendida para alumbrar el camino a mucha gente. Los miramos de lejos y su fe nos llena de esperanza. Nos motiva a mantener viva nuestra luz.
Construyendo un mundo mejor,  llenos los ojos de luz, cansadas de manos de hacer misericordia. 
Porque ha querido iluminar el mundo desde nuestro candil, tan frágil y humano ante la sombra y las tempestades.

TEOLOGIA DEL FUEGO

La lengua hebrea con su afición por las metáforas, servia admirablemente al doble propósito de Jesús: explicamos lo inexplicable e invitamos a caminar hacia el misterio.

El Señor desea que su fuego arda en el mundo.  ¿Qué hemos hecho sus amigos para encender su verdad, atizar su amor, e iluminar a todos con su mensaje?

 


 

TENER O NO TENER

El dilema de Hamlet: «Ser o no ser», en uno menos noble y más prosaico: «Tener o no tener».   Un día inventamos la rueda, los espejos ustorios, la pólvora, la televisión, los computadores, los cohetes espaciales... Pero, ¿nos ha servido todo esto para ser mejores? Algunas veces. Cuando no nos hemos convertido en seres extraños, rodeados de cosas, con la mente colmada de ambición y el corazón enfermo de egoísmo.  El Fracaso del rico aquel que nos cuenta el Evangelio no será el de nuestra vida.  Habremos resuelto a favor nuestro otro dilema: “Amar o no amar”.  En él juega la grandeza del hombre.

“(...) la vida no depende del poseer muchas cosas”

 Mientras viajaba por las montañas, una sabia mujer se encontró un hermoso diamante en un riachuelo. Al día siguiente se cruzó en el camino con otro viajero y al saber que estaba hambriento, le ofreció parte de la comida que traía con ella. Al abrir su bolsa para sacar los alimentos, el hombre vio la piedra preciosa en el fondo del morral, y quedó maravillado. El viajero le pidió el diamante a la mujer y ésta, sin dudarlo, lo sacó de su bolsa y se lo dio. El hombre se fue dichoso por su increíble suerte, ya que sabía que el valor de la piedra era lo suficientemente alto como para vivir sin apuros durante el resto de su vida. Pero días más tarde, después de haber buscado a la mujer, la encontró, le  devolvió la joya, y le dijo: –He estado pensando... soy consciente del valor de esta piedra que quiero devolverle, pero espero que a cambio usted me dé algo aun más valioso. Y después de un silencio, continuó: – Deme esa cualidad que le permitió regalarme este tesoro con generosidad y desprendimiento.

  1. No se trata de una invitación a no tener, sino a tener de tal manera que no pongamos allí el valor de nuestras vidas.
  2. No es rico el que tiene mucho, sino el que necesita menos para vivir contento
  3. Vivir más sencillamente, soñando menos con lo que nos falta y agradeciendo más lo que tenemos.

La parábola que el Señor nos cuenta hoy es una llamada a no vivir pendientes de acumular riquezas sin fin, pensando que ese es el camino de la vida.

EL SECRETO DE LA FELICIDAD

Hace muchísimos años, vivió en la India un sabio de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacía ser un triunfador en todos los aspectos de su vida y que, por eso, se consideraba el hombre más feliz del mundo. Muchos reyes, envidiosos, le ofrecían poder y dinero, y hasta intentaron robarlo para obtener el cofre, pero todo era en vano. Mientras más lo intentaban, más infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir.

Así pasaban los años y el sabio era cada día más feliz. Un día llegó ante él un niño y le dijo: "Señor, al igual que tú, también quiero ser inmensamente feliz. ¿Porqué no me enseñas que debo hacer para conseguirlo?"

El sabio, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo:

"A ti te enseñaré el secreto para ser feliz. Ven conmigo y presta mucha atención. En realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser feliz y éstos son mi mente y mi corazón y el gran secreto no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida."

"El primero es saber que existe la presencia de Dios en todas las cosas de la vida, y por lo tanto, debes amarlo y darle gracias por todas las cosas que tienes y por todas las cosas que te pasan."

"El segundo, es que debes quererte a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: Yo soy importante, yo valgo, soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, espero mucho de mí, no hay obstáculo que no pueda vencer. Este paso se llama autoestima alta."

"El tercer paso, es que debes poner en práctica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño; si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. Este paso se llama motivación."

"El cuarto paso, es que no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, ellos alcanzaron su meta, logra tú las tuyas."

"El quinto paso es que no debes albergar en tú corazón rencor hacia nadie; ese sentimiento no te dejará ser feliz; deja que las leyes de Dios hagan justicia, y tú... Perdona y olvida."

"El sexto paso es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes de la naturaleza, mañana te quitarán algo de más valor."

"El séptimo paso, es que no debes maltratar a nadie; todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera."

"Y por último, levántate siempre con una sonrisa en los labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bonito; piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes; ayuda a los demás, sin pensar que vas a recibir nada a cambio; mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser felices."

Y como pueden ver, lo que los reyes y poderosos ansiaban, lo tenían al alcance de su mano.

Agradecemos al autor - Envió: Ramón Mitre

 


 

DECIMOQUINTO DOMINGO

“Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas (...)”

Si no recuerdo mal, hace algunos meses circuló por la Internet una historia de un maestro que llegó al salón de clase con una vasija de cristal muy grande y la llenó de piedras delante de sus alumnos. Al terminar de llenarla, preguntó a los estudiantes: ¿Creen que esta vasija está llena? Si. Respondieron todos al tiempo. Entonces el maestro sacó del maletín una bolsa con un poco de piedrecitas y las fue dejando caer dentro de la vasija por entre los espacios que dejaban las piedras más grandes. Volvió a preguntar el maestro: ¿Ahora sí creen que esta vasija está llena? Hubo un momento de duda y respuestas encontradas. El maestro sacó entonces una bolsa con arena y la fue depositando lentamente en la vasija. Poco a poco la arena fue llenando los espacios que dejaban las piedras grandes y las pequeñas. Por fin, el maestro preguntó. ¿Esta vez si está llena la vasija? Alguien se atrevió a decir que no. De modo que el maestro sacó una botella con agua y fue regando todo el contenido hasta llenar prácticamente la vasija. No recuerdo si ya con esto quedaba llena del todo la vasija, porque se me ocurre que podría agregarse algo de anilina para pintar el agua, o agregar un poco de sal que siempre está dispuesta a disolverse en el agua.

¿cuáles son las piedras más grandes de sus vidas? Si no las colocamos al comienzo, después no habrá espacio para ellas. Es fundamental definir prioridades y saber qué es lo que no puede dejarse por fuera de nuestros horarios, calendarios, agendas y programaciones. Si nos ocupamos de lo urgente, es muy probable que dejemos lo más importante por fuera de nuestra vida

 “Jesús siguió su camino y llegó a una aldea donde una mujer llamada Marta lo hospedó. Marta tenía una hermana llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús para escuchar lo que él decía. Pero Marta, que estaba atareada con sus muchos quehaceres, se acercó a Jesús y le dijo: –Señor, ¿no te preocupa nada que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude. Pero Jesús le contestó: –Marta, Marta, estás preocupada y te inquietas por demasiadas cosas, pero solo una es necesaria. María ha escogido la mejor parte, y nadie se la va a quitar”.

Jesús sí quiere señalar unas prioridades y distingue entre lo importante y lo urgente. Lo que estaba haciendo María era ‘escuchar lo que él decía’. Muchas veces nuestro activismo no nos da tiempo para sentarnos a escuchar al maestro en un rato de oración, o para escuchar a los demás. Cuánto tiempo dedicamos a escuchar a los que viven con nosotros. Muchas veces tenemos cosas que decir, pero no las decimos porque no vemos disposición en los demás para sentarse, tranquilamente, a ‘perder’ un poco de tiempo escuchando a los demás o a Dios.
Zenón de Elea, varios siglos antes de Cristo, decía: “Nos han sido dadas dos orejas y una sola boca, para que escuchemos más y hablemos menos”. Interrogarnos sobre nuestras prioridades y tendríamos que revisar si hemos colocado en su lugar las piedras más importantes, antes que las urgentes...

LA LECCIÓN DE BETANIA

Las religiones orientales le han enseñado a Occidente el valor de la contemplación. Pero el ambiente en que vivimos nos precipita a un activismo desbordado y destructor. Nos impide escucharnos y escuchar a Dios.

Necesitamos frenar de vez en cuando la actividad, escuchar y contemplar.  El estudiante, se pierde en una sala de cine. La madre de familia anhela reconstruir sus fuerzas frente al mundo ficticio de una telenovela. El comerciante, el profesional, se van al campo, en busca de la naturaleza que les habla otro lenguaje. Para otros el deporte, el juego o la embriaguez, son el refugio para evadir sus cansancios. Algunos se reconstruyen en un retiro espiritual o, en un encuentro de esposos, clarifican y refuer­zan su relación como pareja.

La mayoría de nuestras relaciones se basan en el hacer y pocas veces en el ser. Se han convertido en un intercambio de trabajo, de dinero, de favores. Nos hemos olvidado de celebrar la vida en común, compartiendo.

Sin esta forma de relación, la vida va perdiendo sentido y sin darnos cuenta, un buen día, nos encontramos a mil años luz de aquellos que nos rodean. Nos hemos vuelto extraños.  Cuando detenemos nuestro ajetreo diario y hacemos silencio en .derredor, le damos audiencia a Dios, y El nos habla. Ilumina y clarifica las cosas que nos rodean, nos da otra imagen de quienes viven con nosotros y nos proyecta hacia valores plenos y definitivos.

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Parroquia La Epifanía
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