Deseas que oremos por ti?

EDITORIAL
III Domingo de Cuaresma

Cuenta la historia de dos ángeles que se encontraban visitando Quinta Paredes y llegaron a la casa de una familia acomodada pidiendo alojamiento.

La familia, que no tenía sentido comunitario, dudo creyendo que era gente maliciosa que venían a pedir la visa americana con negras intensiones.

Al final algo los hizo cambiar de idea y les dieron posada, en el cuarto del servicio, no sin antes poner miles de condiciones y hacer evidente su desconfianza y desagrado. Mientras hacían la cama en el duro suelo de cemento el ángel más viejo vio un pequeño agujero en la pared y utilizando sus dones angelicales lo tapo con todo detalle y cuidado. El más joven le preguntó porqué lo hacía y le contestó: “las cosas no son siempre como parecen”.

Al día siguiente viajaron a Tabio y una familia muy pobre les ofreció de cenar y con inmenso gusto les dieron la mejor cama para que pasaran la noche. A la mañana siguiente los dos ángeles encontraron al matrimonio llorando. Su única vaca había muerto.

El ángel más joven indignado y furioso le dijo a su compañero: ¿Cómo has permitido semejante desgracia? Ayudaste a los ricos que nos trataron tan mal y por esta familia que nos ha dado todo no has hecho nada. “Las cosas no son siempre como parecen”, le contestó el ángel más viejo.

Cuando nos hospedamos en Quinta Paredes vi que habían escondidas monedas de oro en el agujero y lo tapé para que esa familia egoísta y avariciosa nunca las encontrara. Y esta noche, cuando dormíamos, el ángel de la muerte vino a buscar a la esposa de esta casa. Yo le dije que se llevara a la vaca en lugar de la esposa. Como ves “las cosas no son siempre como parecen”.

Cuando a Jesús le preguntaron por esos dieciocho muertos también pudo contestar: “las cosas no son siempre como parecen”.

Todo lo que sucede podemos convertirlo en gracia de Dios, en acontecimiento positivo si lo vemos desde el lado de Dios.

Padre, no soy feliz. No me encuentro a gusto en este cuerpo. No me acepto como soy, me decía un joven con el que conversé unas semanas atrás.

Dígame, ¿qué es lo que no le gusta de usted mismo?

No me gusta el color de mi pelo. No me gusta mi nariz. No me gustan mis padres que no me entienden.

... "Pero yo les digo, a ustedes les ocurrirá lo mismo que a esos galileos y a los dieciocho muertos por la torre de Siloé, si no empiezan a cambiar".

Ese joven no está satisfecho con su aspecto físico ni con las cosas que tiene ni con su vida de cada día. Le preocupa lo exterior, lo que ve y lo que los otros ven. Le preocupa lo efímero, la imagen, la foto que los otros toman con la cámara de sus ojos cada vez que lo miran.

  1. Le preocupa su cuerpo:  No le preocupa su espíritu.
  2. Le preocupa su vida física:  No le preocupa su vida interior.
  3. Le preocupa la superficie:  No le preocupa la profundidad.

 

Nuestra insatisfacción no tiene que mirar sólo al exterior, tiene que mirar también al interior: al corazón, al alma.

Para vernos por fuera tenemos espejos, fotos, vídeos, revistas y los ojos de los otros que nos dicen: ¡qué fotogénico eres!

Una cosa son 110 kilos de carne grasa y otra ser persona.

Para vernos por dentro tenemos: nuestros propios ojos, la Palabra de Dios y el espejo de Jesucristo.

"Pero yo les digo, a ustedes les ocurrirá lo mismo que a esos galileos, si no empiezan a cambiar".

Para cambiar no podemos usar solamente "Just for men" tenemos que usar también la Palabra de Dios, la oración, “la salida”: eucaristía…

Algunos dicen, Padre, yo soy un caso serio y no sé por dónde empezar.

Nos cuenta el evangelio que unos testigos corrieron a contarle a Jesús las noticias del día.

Jesús, ¿sabes que unos galileos fueron degollados por Pilato mientras ofrecían sus sacrificios?

¿Sabes que se hundió la torre de Siloé y mató a dieciocho personas?

Jesús, ¿no vas a hacer nada?¿No vas a organizar una manifestación? ¿No vas a pedir la dimisión del gobernador Pilato?

En tiempo de Jesús las aguas sociales y políticas eran tan turbias como las nuestras. Había asesinatos, terroristas, divisiones, Herodes, Judas, no había paro de transportadores, porque el transporte público lo asumían burros, camellos y caballos y esos están conformes con los auxilios del gobierno…

Jesús ante la noticia del día parece no tomar partido. Simplemente pregunta; "¿Creen ustedes que esos galileos degollados eran los más grandes pecadores?". Yo les digo que todos terminarán igual si no cambian.

Jesús nos dice a todos que la desgracia, el accidente, la enfermedad, la muerte no van unidas al hecho de ser pecador. Los justos y los inocentes también sufren y, a veces más que los pecadores.

Hay un juicio que sólo pertenece a Dios. Dejemos hacer justicia a Dios.

¿Eran más pecadores esos muertos? Jesús nos responde: más pecadores son ustedes.

Jesús mira al interior de los corazones de las personas con las que entra en contacto. Y les dice: si no cambias…

¿tiene usted poder para cambiar la dirección del viento, para evitar las guerras, para cambiar el corazón de su marido…?. ¿Cuán impotente se siente ante tantos problemas y ante el gran poder de los otros?, ¿sabe cuál es el verdadero poder que Dios le ha dado?

Usted puede cambiar su conducta, su interior, el rumbo de su vida, cambiar de dueño...

Dios le ha dado una llave para manejar el automóvil de su vida. Usted sólo tiene la llave. Hay que usarla bien y no culpar a Dios de sus accidentes y multas.

  • Usted tiene poder para organizar su vida.
  • Usted puede orientarla hacia Dios o hacia el vacío.
  • Usted puede cambiar su look físico o el interior
  • Usted puede invertirlo todo en esta vida o en la vida venidera.
  • Usted tiene la palabra.

Jesús está aquí para señalar el camino, acompañarle en el sufrimiento, ilusionarle por su estilo de vida y decirle: si no cambias…

La Salida del pasado domingo se llamaba oración. La de este domingo se llama “Conversión”.

La conversión es un acto de Dios. Dios me cambia. Dios me convierte. Dios me guía. Dios me da el poder y el querer cambiar. Yo tengo el poder de decir sí o decir no.

Mi conversión es mi diálogo de amor con Dios.

No diga: “que cambien los otros que son peores que yo”. Diga: “yo necesito conversión”. Punto. Porque si no cambia será cortado como la higuera presumida, hermosa por fuera, piropeada por todos, pero sin corazón, sin frutos, sin amor. Daba sombra a todos pero no daba amor a su Señor. Y el amor de Dios es paciente pero exigente.

Cuaresma;
Tiempo de avisos,
De cambio interior,
De conversión y,
Como siempre, tiempo de amor.

Que así sea.

 

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